EL URUGUAY COMERCIAL, PASTORIL Y CAUDILLESCO (1830 – 1875)
EL URUGUAY COMERCIAL, PASTORIL Y
CAUDILLESCO (1830 – 1875)
Texto 2: La vida en el campo:
a) Relato de la
estancia la virgen de los desamparados.
“Cerca de la casa no había plantación alguna, ni siquiera un
árbol de sombra, ninguna planta cultivada; solamente había algunos grandes
corrales para el ganado en los que se hallaban de seis a siete mil cabezas (…)
La cocina era enorme y parecía un granero (….) No había sillas, ni mesas, ni
cuchillos y a la hora de comer se volcaba el puchero en una gran fuente chata,
mientras el asado se lo servía cada uno directamente del asador, tomando la
carne con los dedos y cortando su tajada. Los asientos eran troncos de árboles
y algunas cabezas de caballo. Habitaban la casa una anciana negra y canosa
de unos setenta años de edad, y
dieciocho o diecinueve hombres de todas las edades y tamaños y variedad de
colores (…) Había un capataz y siete u ocho peones, los demás eran agregados
(…) atraídos por la abundancia de carne (…)
Al despuntar el día todos estaban sentados alrededor del
fogón tomando mate y fumando un cigarrillo; antes de salir el sol to dos
estaban montados a caballo repuntando al ganado; a mediodía todos regresaban
para el almuerzo (…) Al cabo de pocos días me sentí muy cansado de comer y se
me ocurrió que habiendo tantas vacas podría ser posible conseguir alguna leche
(…) pero la anciana negra se lanzó
apasionadamente en la oposición. Afirmaba que ninguna vaca había sido ordeñada
en el establecimiento desde hacía doce años cuando el dueño hiciera una visita
al mismo en compañía de su joven esposa (…)”
Tomado de G. Hudson, “La tierra púrpura”, Ed. Marcha, 1968
b) Informe del cónsul francés:
“El ganado constituye la única y verdadera riqueza del país (…) Es la prodigiosa abundancia de
ganado que atrae el comercio de todas las naciones y suministra por si sola
todos los medios de intercambio. Este género de explotación exige menos trabajo
y cuidados, lo cual hace que los naturales
lo prefieran a cualquier otro. Cabe señalar que constituye por sí sola
toda la industria de los habitantes (…)
No es raro ver propietarios de muchos millares de vacunos,
sin contar los caballos y los lanares y no temo de ser tachado de exagerado al
advertir que hay los que poseen 30, 40 y aún 50.000 cabezas. Esto sería apenas
creíble en Europa (…)
Citado por Williman “Historia económica de Uruguay”,
Montevideo, Fin de Siglo, 1992
Texto 3: El comercio.
“Los comerciantes montevideanos y los dueños de las famosas
pulperías volantes adquirirán los
cueros que le
proporcionaban las partidas
de faeneros clandestinos, o las
decenas de miles de ocupantes de tierras que se asentaban en
nuestra campaña con un pequeño
rebaño, sin que
ello impidiera la faena de ganado ajeno.
Las estancias no estaban bien organizadas: la marca no era
de rigor y los comerciantes no se preocupaban por el origen de los cueros que
compraban. Las partidas de faeneros clandestinos brasileños penetraban
permanentemente en nuestro territorio a través de una frontera
indeterminada donde el contrabando era
tan natural como la respiración”.
Tomado de Alonso, Salas, “Partidas políticas”, Montevideo,
Ed. Banda Oriental, 1986.
En una época donde eran intransitables los caminos
terrestres, los ríos se convirtieron en los principales ámbitos de transporte
mercantil. Además, las aduanas de los países vecinos no estaban todavía
conformadas de manera que pudieran impedir
la entrada y
salida de mercaderías
a través del cabotaje uruguayo. Es así que casi la
mitad de los 300.000 cueros exportados por Montevideo entre 1856 y 1858 eran de
origen argentino y riograndense y lo mismo sucedió con la cuarta parte del tasajo
po r allí exportado. Este “comercio de tránsito” permitió la acumulación de
grandes ganancias que fueron dar a manos de algunos pocos grandes
establecimientos comerciales, en su mayoría de europeos residentes en
Montevideo. Estos nuevos ricos se transformaron en prestamistas del propio
Estado acrecentando aún más su fortuna (…) Tal acumulación de riquezas hicieron
posible el surgimiento de los primeros bancos en Uruguay.
Tomado de Nahum, B.; “Historia del Uruguay”. Tomo I”
Montevideo, Ed. Banda Oriental, 2002
Actividad: 1.- A partir de la lectura de los textos y las
imágenes identifica las características
económico – sociales del Uruguay en las primeras décadas de vida
independiente.
Texto 4: La Revolución del Lanar: 1º elemento de
modernización en la estructura económica rural:
Las escasas ovejas que existían en el país al comenzar el
siglo XIX, fueron de origen español, cuya calidad era deficiente al grado de
utilizarse solo para colchones y almohadas. La cruza con animales europeos era
pues fundamental.
Aunque hubo importantes introducciones de la raza merina
antes de 1839, antes de la Guerra Grande, fue reanudado recién luego de 1852.
La década del ´60 presenció un nuevo empuje de
introducciones de ovinos finos para la mestización como el merino. Los
estancieros importadores de buenos ovinos pertenecían en la mayoría a
determinados departamentos del país:
1860 1873
San José y Flores……………………….......………..12% 18%
Colonia………………………………………………12% 16%
Soriano………………………………….....….……..17% 17%
Durazno………………………………………..…….6% 7%
Paysandú y Río Negro……………………….............9% 11%
Florida……………………………………………….5% 11% Porcentaje referido al total de la
Total………………………………………………….61% 80% existencia ovina en el país
De estos datos se pueden extraer las siguientes
conclusiones: la explotación ovina abundó en
el litoral y centro -sur donde predominaban los extranjeros y se
equilibraban la pequeña, la mediana y la gran propiedad.
Con referencia al stock ovino total, frecemos los siguientes
datos:
En 1852 había 795.000 ovinos
En 1860 había 2.594.000.
La introducción de ganado y la relativa paz política que
sobrevino a la Guerra Grande explican este notable paso adelante.
Tomado de Barran, Nahum, Historia Rural del Uruguay moderno.
“La difusión del ovino significó la primera
modificación de la estructura económica
rural desde la Colonia. La lana quebró la “edad del cuero” y fue un vehículo de
modernización, pues permitió al país ingresar a mejores niveles de explotación
económica. El ovino impulsó la tecnificación del agro (baños, bretes
alambrados) y demando mano de obra especializada, que asentó la
tierra y ascendió
socialmente gracias a
él. Elemento de pacificación en el permitió el
surgimiento de un nuevo sector social con espíritu de empresa y mentalidad
capitalista.
La buena calidad de la lana amplió los mercados exteriores
del país. Acentúo su dependencia pero diversificó nuestros rubros exportables y
nuestros mercados de consumo, distribuyendo esa dependencia entre varios
centros económicos mundiales. EL ingreso que captó del exterior representó un
fuerte enriquecimiento para el agro, lo que le permitió después invertir en
otros rubros de la modernización: alambrado, mestizaje del vacuno.
En primer lugar una fuerte demanda europea. A medida que
avanzaba el siglo XIX la producción de las naciones europeas que se dedicaban a
la Industria textil se hizo cada vez más insuficiente. Inglaterra, Francia,
Bélgica, apenas podían alcanzar a cubrir el 44% de lo que la Industria
Británica necesitaba, o el
27% de lo que necesitaba la francesa, Recurrir a los lugares
donde podía producirse lana de buena calidad y barata fue imperativo para los
industriales europeos.
En la década del 60 también ocurrió un hecho que lo
favoreció. La Guerra de Secesión de Estados Unidos (1861 – 1865) anuló el envío
de algodón americano a Europa. Desprovista de una de las dos fibras textiles
que alimentaban su industria, Europa tuvo que volcarse necesariamente a la
compra de lana en mayor cantidad que hasta ese momento.
En tercer lugar debe mencionarse la causa interna uruguaya.
Tímidamente los estancieros criollos se fueron acercando al lanar cuando
observaron que ares extranjeros radiados
en el país, acometían su explotación con
buenos resultados económicos. Lo que primero fue visto por los criollos como un
trabajo de “gringos” (la cría del ovino), pronto se les presentó como un buen
negocio. La crisis vacuna por un lado y el hecho de que el ovino la
complementara, sin sustituirlo al vacuno, tanto en el consumo de los pastos
como en las eventualidades comerciales, hizo que su explotación se generalizara
en la República. El ovino fue visto como una especie de seguro climático y
económico. Cuando había sequía y el ganado vacuno podía morir, el ovino
resistía mejor. Cuando había exceso de lluvia y el ovino podía sufrir notablemente, el vacuno resistía mejor. Años
en que bajaba el precio del cuero, subía el de la lana; y a la inversa, años en
que podía decrecer el precio de la lana, mostraban cotizaciones favorables para
el cuero vacuno. Ello explica la generalización de la cría de la especie en
todo el territorio nacional.
Consecuencias:
El ovino contribuyó a repoblar el campo y la estancia porque
necesitaba mucho más personal para su cuidado.
Además sedentarizó a la población rural, puesto que ese
pastor debía permanecer en un puesto fijo, desde donde realizar el cuidado de
las ovejas a su cargo. Además fortaleció una clase media rural a la que ele era
más fácil llegar a la explotación del ganado menor que al del ganado vacuno, no
disponiendo ni de la tierra ni del capital necesarios como para desenvolverse
con comodidad en la explotación del bovino. Si en cambio para llevar adelante a
explotación del ovino, que necesitaba menso precio y cuyo precio por cabeza era
más bajo. Finalmente se facilitó el ascenso social, y quienes comenzaron como
pastores de una majada o puesteros,
fueron retribuidos con un tercio del proceso anual de ella o su mitad, o con
una parte de la lana que produjera, lo que habilitó a muchos hombres sin capital
a iniciarse por su cuenta.
Desde el punto de vista económico, las consecuencias fueron
también de gran importancia. En primer lugar hay que señalar que el ovino
significó la primera quiebra a la edad del cuero en a que el país había
permanecido desde su época colonial.
Esto significó diversificar
los rubros exportables uruguayos.
Al tasajo y los cueros había que sumar ahora la lana. Y a su vez ello trajo
como consecuencia la diversificación de los países compradores. Mientras se
vendían los cueros a Inglaterra y Estados Unidos, mientras el tasajo iba, como
siempre a Brasil y a Cuba, la lana empezó a ir a Francia y Bélgica.
Tomado de B. Nahum,
Manual de Historia del Uruguay, Tomo I, Montevideo, Ed. Banda Oriental, 2002
Aspectos políticos: El Uruguay Caudillesco: casi un siglo de
conflictos y guerras civiles.
Cronología Política del Uruguay en el Siglo XIX.
1830 – 1834: Fructuoso Rivera.
1868 – 1872: Lorenzo Batlle
1835 – 1838: Manuel Oribe
1872 – 1873: Tomás Gomensoro
1839 – 1843: Fructuoso Rivera
1873 – 1875: Pedro Varela
1843 – 1853: Joaquín Suárez
1876 – 1880: Lorenzo Latorre
1853 – 1854: Triunvirato
1880 – 1882: Francisco Antonio Vidal
1854 – 1855: Venancio Flores
1882 – 1886: Máximo Santos
1855 – 1856: Manuel Basilio Bustamante
1886 – 1890: Máximo Tajes
1856 – 1860: Gabriel Antonio Pereira
1890 – 1894: Julio Herrera y Obes
1860 – 1864: Bernardo Berro
1897 – 1899 Juan Lindolfo Cuestas
1864 – 1865: Aguirre
1865 – 1868: Venancio Flores
1.- ¿Quiénes eran los caudillos y los doctores?
Introducción:
“Desde el punto de
vista social el nuevo país tenía un dualismo marcado: Montevideo – Campaña.
La ciudad europeizada frente a la campaña semi bárbara, la
ciudad comerciante frente al campo productor, eran rasgos generadores de un
antiguo antagonismo que se tradujo en las largas luchas entre “caudillos” y
“doctores”
La campaña estaba habitada por el gaucho, habituado a la
libertad y con pocas necesidades para satisfacer (con más frecuencia mediante
el contrabando o robo de animales que
por el trabajo, no abundante en un medio donde primaba la ganadería extensiva).La
carencia de una clase media de agricultores y estancieros pequeños que diera
estabilidad al medio, la soledad de los campos creada por los numerosos
latifundios, la facilidad de la obtención de alimento (ganado al alcance de la
mano, sin marca y sin cerco), el desorden provocado por dos décadas de guerra, el odio a la autoridad
(española, porteña, portuguesa, brasileña), siempre represiva; todo ello
contribuyó a crear un clima de hostilidad a la ciudad, de donde venían las
ordenes, los reglamentos. Las trabas a una libertad personal que se
consideraba como el máximo bien, en una
escala de valores reducida.
El gaucho se expresó por el caudillo suma de pericia y
coraje, al que se adhería por admiración varonil y espontánea. Él fue el centro
de la autoridad aceptada en el campo, tanto más cuanto se oponía o tamizaba a
ala que provenía de la capital. Si caudillo y gobernante eran la misma persona
(Fructuoso Rivera), el Estado se hacía obedecer; si no lo era, la vida política
de la ciudad y la campaña corrían por carriles separados y con frecuencia se
enfrentaban.
En la ciudad
(...) las influencias
ideológicas y de
la moda europea
calaron hondo en
una burguesía que
se iba enriqueciendo y
aprendiendo a manejar el Estado a través de sus hijos doctores, como había
manejado sus negocios familiares (estancia, comercio de importación, saladeros,
barraca, barcos). Miró a la campaña como sede de “barbarie”, y al gaucho como
residuo el indígena
salvaje que debía
desaparecer para que
la “civilización”, que
entendía representar, se
asentara definitivamente en el país. Ello implicaba orden, autoridad,
sujeción a la voluntad de los hombres
cultos (“Los Doctores”) de la ciudad.
Tomado de Nahum, Manual de Historia del Uruguay. Tomo I Banda Oriental, Montevideo, 2002
Los doctores: Eran los principales dirigentes políticos en la ciudad
de Montevideo. Tenían una formación universitaria, la mayoría de ellos
abogados, provenían de las familias más ricas en la sociedad y tenían una
fuerte vinculación cultural con Europa, principalmente con Francia e
Inglaterra. Los sectores doctorales, formados en las ideas liberales europeas,
fueron quienes difundieron y quisieron imponer un programa de gobierno que
respetara la Constitución, la organización de la administración de Gobierno y
la modernización de
la economía. Muy relevantes entre ellos fue José pedro
Varela.
Pero no contaban con el apoyo de la mayoría de población a
la que no incluían en sus programas
El caudillismo: “En 1830 la realidad del país era netamente
caudillesca. En este un país semidesértico, sin alambrados y sin caminos, sin
agricultura que cree hábitos sedentarios y pacíficos, al mismo tiempo que
intereses conservadores; sin más vías ni medios de comunicación que el caballo
y la carreta, con costumbres musculares y
púgiles generadas por las
faenas pecuarias; sin más centro de asociación que al pulpería, ni más
autoridad reconocida que la del caudillo. La acción de la autoridad legal casi
no puede ejercerse en ese desierto con tan largas distancias cortadas de montes
y serranías. La comisaría y la escuela, los dos órganos de la civilización de
la ciudad, son escasos, están disperso, perdidos en vastas zonas, no alcanzan a
ejercer influencia sensible. Los mismos exiguos núcleos poblados están
bloqueados por el desierto pastoril; y por la ley de la proporción de las
masas; es más la influencia que el
campo ejerce sobre ellos, que las que ejercen ellos sobre el campo ¿Qué
entiende el gaucho de la política de la ciudad? Lo que entienden la mayoría de
los campesinos de todos los países del mundo, muy poco o nada.... Aquí en
Uruguay, el Gaucho ecuestre y bravo acostumbrado a pelear, que ha hecho el país
con su brazo y con su sangre, que no tiene apego al terrón, que no cultiva,
romántico del valor y duro para la muerte no puede ser ni encajado en la
legalidad convencional, por las condiciones en que vive, ni puede ser
desechado, por su carácter y por su traición.
Alejado de la ciudad cuyos hábitos y política le son ajeno,
huraño con el “doctor” que le desprecia, receloso de las autoridades, cuya
arbitrariedad siempre teme ¿cuál será la intervención en la vida política?
Necesariamente seguirá a los caudillos. El caudillo es un gaucho como los
demás, por sus sentimientos y hábitos, pero más inteligente, más enterado, más
enérgico, más emprendedor, su prestigio le viene en la superioridad de sus
condiciones respecto a la masa. El gauchaje deposita en él su confianza
política, es una delegación de soberanía hecha de modo tácito, sabe que donde
está el caudillo esta su causa. Si él se levanta le siguen; muchos no saben
bien por qué pelean, pero están con su caudillo....”
Alberto Zum Felde
“La posesión de la tierra se convertía en un premio si era
partidario el caudillo vencedor o en castigo si era el perdedor. Rivera confiscó
las propiedades de los lavallejistas y Oribe la de los riveristas........ Esta
problemática de la propiedad de la tierra habría de durar varios años y
constituyó la base el poder para los caudillos, al crear situaciones e
dependencia personal ubicadas más allá de las disposiciones de la Constitución”
Tomado de Nahum, Manual de Historia del Uruguay. Tomo I Banda Oriental, Montevideo, 2002
2.- El Surgimiento de las divisas:
“Rivera una vez finalizado su mandato (octubre de 1834) fue
nombrado comandante general de la campaña, que debía custodiar su orden,
repoblarla y vigilar la frontera. El cargo fue hecho a la medida del caudillo
libre de repartir tierras y ganado.
No obstante Oribe deseoso de unificar el País y concentrar
el poder en sus manos no podía aceptar la existencia de un gobierno paléelo
representado por Rivera en su comandancia General, por lo que suprimió dicho
cargo.
El conocido relato que expresa la convicción de los paisanos
de que era el Gobierno quien “se había “sublevado” contra don Frutos....”, es
una clara muestra de las diferencias entre el país legal y el país real, entre
la autoridad del presidente (prevista en la Constitución) y la del Caudillo
(basada en la realidad social de la época).
Pocos meses después, una comisión especial del Poder
Legislativo presentó un informe sobre la gestión financiera de Rivera, presentando 174 cargos en su
contra. Las polémicas periodísticas que se suscitaron al respecto contribuyeron
a decidir la Revolución que Rivera lanzó en julio de 1836 donde surgieron las
divisas blancas y coloradas.
Tomado de Nahum, Manual de Historia del Uruguay. Tomo I Banda Oriental, Montevideo., 2002
Decreto de Manuel Oribe: el origen de la divisa blanca:
“Art. 1: Todos los jefes orientales y tropa del ejército en
línea, las guardias nacionales de caballería, las partidas afectas a la policía
y todos los empleados públicos en los departamentos de campaña usaran el
sombrero con una cinta blanca con el lema “Defensor de las Leyes.
Art. 2: El Estado Mayor General, la Guardia Nacional de
Infantería de la Capital, los empleados de toda la administración, la
infantería de extramuros que usaran también el mismo lema, que llevaran en una
cinta en los ojales del vestido y en formación en el sobrero.
Art. 3: Todos los ciudadanos no enrolados usaran del mismo
distintivo en los ojales del vestido como señal de su adhesión a las leyes e
instituciones de la República”.
El origen de la divisa colorada:
“El partido contrario adoptó consiguientemente otra divisa
para distinguirse de sus enemigos, singularmente en las funciones de la guerra.
Su primer color fue el celeste, tomado de la escarapela nacional, pero este
color debilísimo en los tejidos de que podían hacerse las divisas, no resistía
la acción atmosférica-. De ahí vino la necesidad de cambiarlo, y se cambió
naturalmente por el colorado, de mayor firmeza y que es el más común en las
letras que se emplean en la campaña para forrar los ponchos, para hacer los
chiripas, etc. De ahí pues, se llamó colorado al partido que combatía a Oribe”
(Andrés Lamas).
Fructuoso Rivera.
3.- La Guerra Grande (1839 – 1851): El mayor conflicto
político del Uruguay Caudillesco.
El conflicto desarrollado durante la Guerra Grande fue de
tal complejidad que es posible distinguir en él varios niveles de
enfrentamiento.
Un primer nivel se desenvolvió dentro del país con la lucha
de Rivera y Oribe, y casi en seguida, entre colorados y blancos, bandos
políticos todavía y no partidos. Un segundo nivel fue protagonizado por la
alianza de las corrientes políticas argentinas de Unitarios y federales con
colorados y blancos, salteándose así las fronteras meramente jurídicas del
Estado Oriental. Y todavía en un tercer nivel, que prolongó y amplificó la
Guerra, entraron las primeras potencias europeas de la época, Inglaterra y
Francia, en defensa de sus propios intereses comerciales y políticos. Todos
estos niveles se desplegaron sucesiva o simultáneamente (...)
Fuente: Nahum, Benjamín, “Capítulo 6. La Guerra Grande 1839
–1852”, en Manual de Historia del Uruguay, Tomo I, Montevideo, Ed. Banda
Oriental, 2002.
Actividad:
Con la ayuda de algunos de los libros de Historia nacional
con los que cuentas en biblioteca realiza los siguientes ejercicios respecto
a la Guerra Grande:
1.- Explica el proceso de formación de las alianzas que se
enfrentaron, que convierten a la Guerra en un conflicto local, regional e
internacional (debes analizar los intereses que perseguían cada uno de los
protagonistas)
2.- Argumenta por qué Montevideo pudo sobrevivir al “Sitio
grande” y cuál fue el costo de dicha política.
3.- ¿Qué problemas debió enfrentar el Gobierno del Cerrito?
¿Cómo intentó resolverlos?
4.- ¿Qué establecían los Tratados de 1851? ¿Fueron
perjudiciales para Uruguay? ¿Por qué?
4.- La persistencia de los conflictos políticos luego de la
Guerra Grande.
“En los 35 años que van desde 1851 a 1886, se registraron 43
movimientos subversivos, así desglosables: 18 revoluciones, 9 motines y 16
conmociones o levantamientos de alcance medio”.
Lockhart Washington
“El período histórico
que va desde la paz de octubre de 1851 a la paz de octubre de 1872, es el más
convulso y trágico de nuestra historia. A la matanza de quinteros se le
contesta con los fusilamientos de Paysandú, a los fusilamientos de Paysandú con
el asesinato de Flores; y al asesinato de Flores con el asesinato de Berro.
Anacleto Medina, ejecutor de Quinteros, es cazado 10 años después en
Manantiales, lanceado, desollado y enterrado vivo… ¡Venganza!, es la palabra
del orden, la amenaza está pendiente, se respira rencor……Las familias, las
madres, las hijas, los niños se sienten enemigos de uno u otro bando, los
adjetivos: salvajes, sarnosos, ladrones, desgolladores, chusmas se cruzan en
las conversaciones, en las cartas, en las visitas.
Las muchachas ostentan cintas celestes y coloradas, las
blanquillas del pueblo entonan:
La perdiz canta en el monte
Y el jilguero en la cañada
¡Viva la cinta celeste
Y muera la colorada!
La ciudad está agauchada, se tiene culto a los caudillos, se usa el reloj y prendedor
de la efigie Rivera, de Oribe, de Venancio Flores, de Leandro Gómez. Todas las
familias criollas de Montevideo tienen al padre o a un hermano, o a un hijo en
los ejércitos. El dolor, la sangre y el odio se sienten en carne propia, de una
vereda a la otra, desde las puertas y balcones, las familias de bandos opuestos
se miran con recelo y se desaíran (…)
Al estallar una revuelta, al llegar a la ciudad la noticia
de un levantamiento (…) las familias del abandono revolucionario no están
seguras (…) Todos los hombres están al servicio de un bando o de otro. Muchas
veces las madres animosas tienen que defender ellas mismas su hogar, tabuco en
mano, contra atropellos de forajidos (…..) la tarde misma en que estalla la
conspiración blanca y asesinan a flores, es paseado por la calle 18 de julio,
en un carro, con la cabeza cana colgando hacia abajo, el cadáver del ex
presidente Berro (…) Esa noche, grupos emponchados recorren la ciudad y asaltan
muchas casas de blancos. La sociedad uruguaya vive trágicamente (…)”
Zum Felde, Alberto, “El proceso histórico de Uruguay”,
Montevideo, 1963.

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