LA GUERRA DEL PACÍFICO 1879-1884
LA GUERRA DEL PACÍFICO 1879-1884
Esta contienda bélica involucró a tres países, Chile, Perú y Bolivia, los cuales tenían en común el interés económico sobre un recurso estratégico en el siglo XIX: el salitre, mineral utilizado como fertilizante y de amplia demanda en Europa. En Chile, luego de la guerra civil que finalizó en 1830, se consolidó el Estado nacional bajo el poder de la aristocracia terrateniente, sustento de los gobiernos conservadores. El último gobierno de este tipo estuvo a cargo de Manuel Montt (1851-1861). Luego de su gestión, se estableció un gobierno de conciliación nacional entre conservadores (pelucones) y liberales (pipiolos) que llevó a la presidencia a José Joaquín Pérez (1861-1871). En esta etapa, se favoreció aún más la entrada de capitales británicos que se enfocaron en la explotación minera de la plata y del cobre (desde 1860 Chile era el principal productor mundial de cobre). El capital inglés controló así las nuevas vías férreas que canalizaron el transporte de cobre en bruto hacia los puertos, además de conseguir un virtual monopolio comercial sobre el tráfico entre Valparaíso y Liverpool a partir del establecimiento de la Pacific Steamship Navigation Company Limited. Pero hacia 1873, Chile inició un proceso de recesión económica causada por la caída de los precios agrícolas y el agotamiento de las minas de plata; esta depresión económica alcanzó su punto cúlmine en 1878, motivo por el cual la burguesía chilena —asociada a los ingleses— comenzó a invertir y a trasladar mano de obra a las desérticas regiones de Atacama (Chile), Antofagasta (Bolivia) y Tarapaca (Perú) para apropiarse del salitre. Por su parte, tras la caída de la Confederación Peruano-Boliviana, Bolivia y Perú atravesaron un período de gran inestabilidad política, que sumado a la destrucción de recursos durante las guerra de Independencia produjeron un fuerte estancamiento económico. Recién a mediados de siglo XIX, estos países lograron cierta estabilidad política, económica y social alrededor de las presidencias de Ramón Castilla (Perú) y Manuel Isidoro Belzú (Bolivia). En Perú, este proceso de estabilización se produjo cuando llegó al poder Ramón Castilla (1845-1851 y 1855-1862). En 1842, el gobierno peruano había decretado el control y la propiedad del Estado sobre los yacimientos de guano y estiércol de ave también útil como fertilizante. La política de Perú fue, a partir de entonces, consignar la extracción y comercialización del guano a empresarios peruanos, quedándose el Estado con un porcentaje de las ganancias. Esta política le permitió a Ramón Castilla eliminar el tributo indígena y el diezmo, haciendo efectivas las medidas ya tomadas por San Martín y Bolívar (con la excepción del tributo, que fue reintroducido por Bolívar dada la penuria fiscal). Estas medidas permitieron la eliminación del tributo sin afectar las rentas estatales. Estos avances sociales fueron consagrados en la Constitución de 1856, que además garantizaba el sufragio directo. Sin embargo, el gobierno de Castilla tuvo que enfrentar levantamientos populares, ya que desarrolló una política librecambista que perjudicaba a los artesanos y al potencial desarrollo industrial del país. Ejemplo de esto fue el «levantamiento de las puertas, ventanas y molduras extranjeras» que protagonizaron los artesanos de Lima y El Callao ante la introducción de mueblería europea. Con el agotamiento del guano, hacia el final del gobierno de Ramón Castilla, Perú se sumergió nuevamente en la inestabilidad política, social y económica. Para superarla, el gobierno de José Balta (1868-1872) designó a Nicolás de Piérola como ministro de Hacienda, quien decidió no prorrogar las consignaciones guaneras existentes para entregarlas a una sola firma, la casa francesa Hermanos Dreyfus. El contrato Dreyfus (agosto 1869) no mejoró la situación económica del país, por lo que el gobierno de Balta contrajo empréstitos en el extranjero poniendo como garantía las rentas aduaneras y los ferrocarriles. Los empréstitos empeoraron aún más la economía y además llevaron la deuda externa peruana a los niveles más altos de toda Latinoamérica. Con el gobierno civilista (partido de la clase propietaria costeña) de Manuel Pardo (1872-1876), se retornó al antiguo sistema de consignatarios. Al mismo tiempo, 1873, Pardo anuló la política salitrera peruana, consistente en la libre extracción, y decretó el estanco del salitre, estatizando la comercialización del mineral. En 1875, profundizó esta política expropiando todos los yacimientos en activo, compensando a los propietarios peruanos, chilenos e ingleses con bonos del Estado. Esta política de monopolio fiscal sobre el salitre se oponía a la expansión de los intereses anglo-chilenos en la región. Por su parte en Bolivia, el gobierno de José Ballivan (1841-1847) de tendencia liberal conservadora (base oligárquica y política librecambista) generó importantes problemas económicos, tal como lo denunció el periódico El Eco de Potosí en 1845: «Al comercio ultramarino debemos la casi total desaparición de mil telares…». Con el advenimiento del gobierno de Manuel Isidoro Belzú (1848-1855) se desarrolló una política proteccionista y construyó la propuesta de implantar un «Comunismo de la Justicia», inspirado en el socialismo cristiano. Contó con una fuerte base popular, tal como lo muestra el apoyo de la mayoría de los veinte mil mil artesanos y de los seis mil mineros que había en Bolivia; también fue acompañado por el campesinado comunitario que lo apodó «Tata». Belzú desarrolló además, una política de fortalecimiento gremial y de educación laboral y durante su gobierno prosperó la prensa popular: El Revolucionario (1855), el Socialismo Sucrense y El Artesano (1855) de La Paz. Acosado por varios intentos de golpes de Estado y atentados homicidas organizados por la oligarquía, Belzú renunció Ejército chileno en Antofagasta, 1879. en 1855 y se exilió en Europa. A partir de la renuncia de Belzú, empresarios anglo-chilenos comenzaron la libre explotación del guano, el salitre y la plata de la provincia boliviana de Antofagasta. Esta política se profundizó bajo el gobierno liberal conservador de Mariano Melgarejo (1864-1871) quien firmó un tratado de límites con Chile que garantizaba la ocupación chilena de Antofagasta y permitía la libre exportación de minerales bolivianos y la libre introducción de mercaderías chilenas por los puertos bolivianos del Pacífico. Melgarejo desarrolló una política que promovió la toma de las tierras en manos de los indígenas campesinos para favorecer el latifundio —base del modelo primario exportador— y la transformación de los campesinos en peones. Fue expulsado del poder en 1871 por un movimiento campesino indígena que lo persiguió hasta Perú, donde debió exiliarse. Producida su caída, el gobierno boliviano pidió la revisión de lo pactado por Melgarejo, lo que causó que en 1872 se firmara el protocolo Linsay-Corral que establecía al paralelo 24º latitud sur como límite de Bolivia y Chile, aunque como contrapartida los chilenos conseguían el compromiso de no cobrar mayores impuestos a su actividad extractiva en Antofagasta. Pero poco después, durante el gobierno de Hilarión Daza (1876-1879) se anularon las concesiones mineras otorgadas a las compañías chilenas en Antofagasta, con la excepción de la Nitrate and Railroad Company of Antofagasta, empresa anglo-chilena creada en 1872. Finalmente, el conflicto se desató cuando en 1878, la Asamblea Nacional de Bolivia gravó las exportaciones de la compañía extranjera que operaba en su territorio con un impuesto de diez centavos por quintal de salitre que embarcara. El gerente inglés de la compañía, apoyado por el gobierno chileno, se negó a pagar el impuesto justificándose en los tratados existentes entre Chile y Bolivia. En 1879, el presidente Daza exigió el cumplimiento de los pagos adeudados desde el año anterior. Ante las reiteradas negativas de la compañía, el gobierno boliviano decidió que los bienes de la compañía anglo-chilena fueran puestos en subasta pública Luego de la decisión del gobierno boliviano de aumentar el impuesto al salitre embarcado y de disponer la subasta pública de la compañía Nitrate and Railroad Company of Antofagasta, la oligarquía chilena junto a la compañía en cuestión, impulsaron la ocupación militar del puerto de Antofagasta (febrero de 1879). En poco tiempo, el ejército chileno logró controlar la región de Atacama. Bolivia perdió el control de su territorio costero —por ende, su salida al mar— y una zona de gran riqueza estratégica. No obstante, Chile avanzó hacia territorio peruano, aprovechando el hecho de que Perú era el aliado de Bolivia en función de un pacto secreto de mutua defensa que estos países habían celebrado en 1873. La primera etapa de la guerra (febrero a octubre de 1879) se dirimió en el mar, donde se enfrentaron la flota peruana y chilena, ya que Bolivia no tenía armada.
Con la victoria naval de Chile luego de tres grandes combates (abril, mayo y octubre) se inicia la segunda etapa de la guerra que se prolonga hasta enero de 1881. Esta segunda etapa se inició con la internación de diez mil soldados chilenos en Tarapaca (Bolivia). Ante la huida de Daza, el ejército chileno ocupó la ciudad de Iquique poniendo como gobernador al general Patricio Lynch, un mercenario inglés al servicio de la armada chilena. En Bolivia, el presidente Daza fue reemplazado por el general Narciso Campero (1880-1884) y en Perú, el general Mariano Prado, presidente por el Partido Civilista, abandonó el país y asumió como dictador Nicolás de Piérola (1879-1881) quien se proclamó «Protector de la Raza Indígena». Buscó el apoyo que le negó la burguesía comercial resentida con Piérola desde la época en la cual se había desempeñado como ministro y había firmado el contrato Dreyfus quitándole el negocio del guano. En mayo de 1880, se produjo el combate del Alto de la Alianza (Tacna) en el cual el Batallón Colorados de Bolivia dirigido por Narciso Campero fue destruido, situación que generó que la República andina se retirara definitivamente de la contienda. Finalmente, en enero de 1880, el ejército de Chile ocupó la ciudad de Lima permaneciendo allí dos años, obligando a Piérola junto a su diezmado ejército a refugiarse en la sierra andina. Desde 1880 hasta 1883, se desarrolló la tercera etapa de la guerra, en la que las montoneras campesinas indígenas y mestizas resistieron al invasor chileno como también a los terratenientes peruanos. Estas montoneras, dirigidas por Avelino Cáceres, juzgaron a los terratenientes peruanos como traidores. En tanto, el gobierno peruano presidido por Lizardo Montero, decidió trasladar la sede del gobierno de La Magdalena a Arequipa, mientras el vicepresidente Avelino Cáceres triunfaba en Concepción. Sin embargo, la derrota peruana en la batalla de Huamachuco (julio de 1883) selló la guerra a favor de Chile. Un nuevo gobierno peruano —presidido por el general Miguel Iglesias— firmó en octubre de 1883 el Tratado de Ancón, aceptando lo que los otros gobiernos peruanos habían denegado: la cesión de territorios peruanos a Chile.
El país sin duda más perjudicado fue Bolivia que perdió su salida al mar; sin embargo, el resto de los contrincantes también sufrieron las consecuencias de la guerra. Por su parte, Chile —a pesar de haber triunfado militarmente—, terminó perdiendo gran parte de las riquezas conquistadas ya que fueron trasladadas a capitalistas ingleses. Este proceso comenzó en 1881, cuando el gobierno chileno devolvió las salitreras expropiadas por Perú, (1875) a los tenedores de bonos que había emitido el gobierno peruano de Manuel Pardo. Estos bonos se depreciaron durante la guerra, situación aprovechada por los especuladores británicos radicados en Chile. Para 1886, el capital inglés controlaba el 70 % de la producción salitrera chilena y, para 1890, había triplicado su capital en el país andino. El gobierno nacionalista de José Manuel Balmaceda (1886-1891) intentó recuperar los resortes básicos de la economía en manos británicas, tratando de aprovechar las rivalidades interimperialistas a partir de una política de atracción de capitales alemanes, franceses y estadounidenses. Sin embargo, el Congreso controlado por la oligarquía aliada a los británicos, se opuso a sus planes y promovió una sublevación de la marina. Luego de varios meses de resistencia, el presidente Balmaceda acabó suicidándose en septiembre de 1891. Perú, por otro lado, sufrió un proceso similar al chileno, ya que las plantaciones azucareras de los valles del norte, arruinadas por la guerra, pasaron a manos inglesas y las plantaciones algodoneras y azucareras de la costa —devastadas luego del paso del ejército chileno de ocupación— fueron adquiridas por tres grandes monopolios: la Cartavio Sugar Company (capitales ingleses), la Hacienda Roma (capitales anglo-peruanos) y la Sociedad Agrícola Casa Grande (capitales alemanes). La única región no afectada económicamente por la guerra, el sur lanero, ya había sido controlada por el comercio británico establecido en Arequipa desde la década de 1860.
1) Explique con sus palabras cuales fueron las principales causas de la guerra del pacífico.
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