AMÉRICA LATINA SIGLO XIX
AMÉRICA LATINA SIGLO XIX
Tras las guerras de la Independencia y el fracaso del Congreso de Panamá, el proyecto de unificación de Hispanoamérica comenzó a desmoronarse. Las burguesías librecambistas, asentando su poder en los puertos y en su alianza con intereses extranjeros, lograron imponer un proyecto político que se coronará después de 1860 con la conformación de Estados oligárquicos, representación política, social y económica de los sectores dominantes latinoamericanos. Los primeros representantes de estas políticas liberal-conservadoras fueron, entre otros, Bernardino Rivadavia en el Río de la Plata, Francisco Santander en Colombia, José Páez en Venezuela, Juan Flores en Ecuador y el marqués José de la Riva Agüero en Perú.
El éxito de este modelo no se produjo pacíficamente. El desarrollo de guerras civiles entre los sectores que debatían el rumbo a seguir de los nuevos Estados independientes, fue un factor común de cómo se expresó el conflicto político en esos años. Los enfrentamientos se plantearon en términos políticos de diversas maneras, configurando pertenencias partidarias más o menos flexibles, aun cuando la confrontación se daba en un plano más amplio. Así, unitarios y federales, liberales y conservadores, por mencionar algunos ejemplos, encuadraban la disputa, en la que debatían la imposición de su hegemonía los representantes del liberalismo conservador (promotores de la desunión y de un modelo económico dependiente) y quienes defendían un liberalismo democrático, planteando la unidad y el desarrollo económico autónomo. Entre estos últimos, cabe destacar los liderazgos de José Artigas, Facundo Quiroga, Juan Álvarez, Manuel Belzú y Juan Manuel de Rosas. Por ejemplo, Facundo Quiroga defendió a las minas de Famatina de los intereses británicos y promovió la sanción de una Constitución nacional que permitiera la unidad de las provincias del Río de la Plata. Juan Álvarez, por su parte, encabezó en 1854 la Revolución de Ayutla, que en México intentó una reforma agraria a favor del campesinado indígena y mestizo.
Estos líderes populares fueron tachados por el liberalismo conservador como caudillos incapaces de establecer un proyecto político nacional. Sin embargo, cuando estos caudillos llegaron al poder (como por ejemplo el caso de Manuel Belzú entre 1848 y 1855 en Bolivia), lograron desarrollar proyectos políticos estables y que propendían a un desarrollo económico integral a través de políticas proteccionistas y de fortalecimiento estatal. La figura del caudillo expresó y sintetizó las necesidades de las clases populares, ya sea de los gauchos o artesanos desocupados, de los esclavos libertos, de los mestizos y mulatos o de los pueblos originarios. Estos proyectos, anclados en la tradición sanmartiniana y bolivariana, chocaban con los intereses norteamericanos, ingleses y de otras potencias europeas en la región.
ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
APORTES PARA LA DESCOLONIZACIÓN PEDAGÓGICA Y CULTURAL






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